Mi libertad está atada a miles de sueños y ensueños. La culpa es mía, no por soñar, sino por atar mi realidad a ellos; me he creado la manía de rebuscarla en mis ideas, pero mis ideas me dicen que no son recuerdos, que mi imaginación me engaña y que el mundo, el de dentro y el de fuera, es un mundo que perdió la memoria. Mi libertad quizá se encuentre dónde mi felicidad, la felicidad que según anota correctamente Maurice Maeterlinck únicamente se conoce cuando se ha perdido. James Chapman (Maps), por otro lado, canta en ‘Lost my soul’: “and you can try to search around, and you can try to cut it down, you never really knew for sure, that breeze can come before you fall… I found it all but I lost my soul”.
Cada día se intenta ser, la diferencia es que hace diez años intentaba ser lo que quería ser, hace siete años era quién quería ser y ahora sin equívoco busco ser quién hace cinco años solía ser, me he desvirtuado, he perdido el sendero, he perdido mi alma y mi felicidad. Ahora no tengo libertad, pero quiero recuperarla. Necesito desprenderla de los sueños pero no es sencillo. Maeterlinck me da un consejo: “La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo”. Para poder realizar cambios en mi modo de percibir la vida, la felicidad y el alma, necesito tomar decisiones y asumir sus consecuencias, porque LA VIDA ES COMO UN CUBITO DE HIELO: LA USES O NO, DE CUALQUIER MANERA SE ACABA.
Finalmente cuando sepa que el camino es adverso recurriré nuevamente a Maurice que afirma: “A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas”. A vivir.