sábado, 21 de agosto de 2010

limpiar un librero..., quién sale ofendido

… mientras trataba de dar un poco de orden a los libros que por algunos meses he descuidado, imaginé como debe sentirse cada uno, tan extraño junto al otro. Quizá no todos, pero ¿Marcel Proust junto a James Joyce?, eso seriamente podría ser incómodo para ambos, pues según dicen los que saben: son contradictorios; yo por el contrario encuentro a cada uno en su justo lugar y quién los tache de incompatibles será porque se niega a aceptar, aunque sea superficialmente, su doble moral.
Gramática de inglés, caramel para aprender francés básico, y un libro de japonés juntos, no entiendo la lógica de porque tenerlos juntos, ni comprendo en que pensaba al momento de adquirirlos, quizá quería ser poliglota, aunque con el inglés que sé, el italiano que me apasiona, el poco francés, las frases en alemán y las canciones en islandés y sueco, me considero afortunado.
Stephen Hawking y su historia del tiempo, los rusos y sus historias de matemáticas, un estudio de Escher, Gödel y Bach, y un diccionario de náhuatl comparten la base de los libros, sólo los une la cosmovisión que al final del día, al igual que la religión, se les debe al mismo Dios. Los vampiros es una cuestión aparte, confieso que Drácula no es un gusto culposo, y Anne Rice en su momento me hizo sentir bien, pero ¿crepúsculo saga junto a ellos?, mataré a mi hermana, éstos seguro han ofendido a todos y con obvia razón.
Colecciones completas sólo tengo a Julio Cortázar, Italo Calvino, Umberto Eco, Saramágo, Denis Diderot, Yukio Mishima y Milán kundera, son mi tesoro y mi adoración, en especial Milán que es mi maestro y mi guía en el paso por esta vida: qué fortuna que sólo dirija la vida de unos pocos como yo. Pienso en por qué no le han otorgado el nobel y mi respuesta es: mucha corrupción del sistema y, por supuesto, los temas políticos que siempre van implícitos en sus textos, lo que me hace recordar a Borges, quién a partir de hoy deja un espacio que se aprovechará mejor en mi biblioteca. La decisión la he tomado hace varios meses, pero hasta hoy me atrevo a ponerla en práctica: ¿Cómo podría permitir que Borges, el amigo de Pinochet, se aloje junto a mis libros revolucionarios?, ¿acaso no se ofende Tolstoi, Günter Grass y el propio Luis Sepúlveda?.
Los únicos libros en su correcto lugar son los de cocina, ellos no creo se ofendan, los consulto cada vez que puedo, aunque a veces no se tomen en cuenta cuando el menú surge de manera innata, jamás me he intoxicado con esas recetas. Solamente una vez me dieron retortijones fuertes cuando después de comerme con desespero una carta que imponía la tristeza de cuando se deja al ser amado antes de luchar por él, la amargura cubrió mi estómago vacío aún necesitado de amor y en segundos, aquel momento agrio, oscureció mi existencia.

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